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viernes, 30 de marzo de 2012

El Eternauta en edición vintage!!

Según Wikipedia ("la nueva biblioteca universal"), "Vintage es el término empleado para referirse a objetos o accesorios de calidad que presentan cierta edad, los cuales sin embargo no pueden aun catalogarse como antigüedades. En la actualidad, el término se ha generalizado y se utiliza para designar instrumentos musicales, automóviles, libros o fotografías"



Acabo de comprar el libro de El Eternauta edición Vintage.
No les puedo explicar la satisfacción que tengo.

La edición es excelente.
La idea es un libro del Eternauta copiado de la edición original de las Hora Cero semanales. Tiene una gráfica muy superior a la que nos venían dejando ultimamente, aunque no está sacada directamente del arte original.


En el libro recopilatorio (el que tenemos todos en diferentes ediciones desde el 74 más o menos) se publican 24 páginas menos de las 396 que tiene esta espectacular historia.

En esta nueva edición "vintage", los negros no son tan plenos como podrían haber sido de conseguir el arte original (no pidamos imposibles!). Creo que en mi versión de Record de 1977 o 78 es mejor al respecto. Pero a cambio, tiene una escala de grises superior que no fue respetada en el libro recopilatorio y en sus rediciones que todos conocemos desde hace años.

En esta edición se han agregado las publicidades, las viñetas originales perdidas y el título de la serie en cada capítulo con su resumen y su continuará. No es poco, les voy a decir.

Una cosa que resalta a primera vista, es el título al inicio de cada capítulo, cada tres o cuatro páginas, cuya tipografía va variando con el tiempo, y que agrega dos leyendas. Una es “Una cita con el futuro” y la otra, “Memorias de un navegante del porvenir”. Esto va cambiando, logicamente, en una publicación que se veía alterada semana a semana. Pero ya esto solo, le da un toque que nos hace parecer que miramos a través de una mirilla, un pasado no tan remoto en años pero que en realidad es otra dimensión desde donde ahora estamos parados.

Otra cosa que llama la atención, es la leyenda "continuará" al final de cada capítulo. Y el resumen en el comienzo del siguiente. Justo después del título. Esto hizo que se tuvieran, para el libro recopilatorio, que modificar algunas viñetas, agregar otras, y suprimir varias. 24 páginas, nada menos, que este libro reproduce fielmente. También introducen al principio de cada capítulo, la fecha y el número de publicación. Toda la data.

Las publicidades incorporadas en esta edición, son varias, y están en un gris mucho más claro. Para no restarle protagonismo a la historia principal. Todo un acierto por parte de la editorial.


Aparte, y esto hay que resaltarlo, tiene una revistita adicional, que se puede insertar en el lugar adecuado y que reproduce fielmente el capítulo no recopilado antes, tal cual como fue editado en una Hora Cero extra, en formato vertical. Este capítulo, como saben muchos, está reeditado en el libro de Fierro referido a HGO, y también en esa edición totalmente olvidable de Clarín.


La verdad es como leer los capítulos de Hora Cero semanal... Todo un viaje al pasado.
Habría que hacer como dijeron por ahí, leer de a tres o cuatro páginas por semana... ¿pero quien lo resiste?

El formato es idéntico al original, pero parece un poco más chico. Engaña. Si lo ponemos en una biblioteca, se alinea perfectamente con los libros de "El otro Ernie Pike" también de Doedytores. Mencionaba que parece más pequeña (muy poco) porque le han suprimido parte de los márgenes más amplios que tenían los libros recopilatorios originales. Pero las viñetas tienen el mismo tamaño. No se engañen.

Si tuviera algo que objetar y sólo por ser jodido, diría que ya que estamos y hacemos 20, hagamos 21 y se pediria que reproduzcan las tapas de Hora Cero que involucraban al Eternauta. Eso hubiera sido el éxtasis. Por mi parte me voy a hacer imprimir las tapas para incorporarlas a la edición.

La tapa es medio feucha. Ojo, no está muy mal... es de un amarillo muy llamativo. Toma una portada de Hora Cero, la 12 para ser más exacto. Muy buena... pero la distorsionan hasta hacerla bastante inidentificable. ¿Haber publicado la original hubiera sido más acertado? No sé.
Uno de los grandes aciertos, es haber tomado en cuenta la opinión de expertos.
De esta manera están consultados Mariano Chinelli, que desayuna, almuerza, merienda, y cena páginas del Eternauta y sabe una bocha, nuestro querido amigo Ariel Avilez (otro que la sabe lunga y que anduvo en las correcciones) y la gente de la bañadera, Hernán Ostuni, Andrés Ferreiro y otro gran amigo, Norberto Rodríguez Van Rousselt.

396 páginas épicas de imperdible aventura.

Si les parece que esto es una publicidad encubierta... tienen toda la razón!!
Vamos amigo!!! Que espera??? Cómprela y déjese de embromar!!! Es imperdible y es una de las mejores compras que hará en tema de historietas en el año actual.

No espere que se agota!!



Ficha técnica:
Guión: Héctor Germán Oesterheld
Dibujos: Francisco Solano López
Editorial Doedytores
Recopilación de episodios del Eternauta de Hora Cero Semanal, publicados desde el 4 de septiembre de 1957
369 páginas
Prólogo: Fernando Ariel García
Insert: Episodio extra publicado en Hora Cero Extra
Diseño y arte digital: Germán D’Agostino
Asesoramiento: Mariano Chinelli
Consultores permanentes: Hernán Ostuni, Andrés Ferreiro y Norberto Rodríguez Van Rousselt
Correcciones: Ariel Aviléz
Precio: $120. (Tirado! como dirían en la MAD)




Marcelo H. Piñeiro

miércoles, 11 de mayo de 2011

El Eternauta – Precuelas: Alguien Los Vio

EL ETERNAUTA – PRECUELAS:
ALGUIEN LOS VIO
Primera Parte. Día 3.
Los vi en uno de mis viajes.
Son Ellos, el Odio Cósmico. El azote de Dios en las inmensidades del espacio.
Cuando atacan lo hacen con total decisión. No perdonan. No perdonaron a los manos, ni a los gurbos. Ni siquiera perdonaron a los pacíficos cascarudos. A todos los usan para sus fines bélicos.

Apenas pude escapar cuando los vi. La cosmonave de ellos tardó en reaccionar y eso me dio una leve ventaja. Pero temo que me hayan seguido. Temo que hayan descubierto el paraíso que es la tierra.

Ni siquiera estuve tranquilo cuando aterricé la torre en la casa de San Isidro. Ni siquiera me tranquilizaron los mates del amigo Luna. Siento la electricidad en el aire. Siento culpa de haber traído al Odio Cósmico hasta nuestro planeta.

No le cuento a Luna. No conviene. Sería preocuparlo demasiado. Lo que tengo que hacer es contactarme con el grupo que me señaló la supercomputadora de la cosmonave.

Es un grupo de gente que ya peleó contra unos invasores hace muy poco. Apenas unos tres o cuatro años. Pero estos invasores son infinitamente más poderosos que aquellos. De todos modos, si puedo darles una mano, si puedo advertirles, tal vez consigamos armar un frente contra la invasión que viene. Tengo que contactarlos cuanto antes.

Tengo miedo. Los pargas son infantes al lado del Odio Cósmico. Tengo que saber cómo jugar bien las cartas que tengo.

Segunda Parte. Día 10.
Todo fue inútil. Traté de contactar a Rolo. Él y sus amigos estuvieron incluso peleando en Marte, contra los pargas. Su experiencia era necesaria. Pero todo fue inútil.

Me levanté temprano y desayuné con Luna. El fin de semana pasado, mientras tomábamos unos mates le hice el comentario de que tenía que contactar con el grupo por una tarea sumamente importante. No le mencioné cual, porque no quiero que se asuste. Esto es mucho más pesado que todo lo que hemos enfrentado anteriormente. Luna contrariamente a lo que ocurre siempre no demostró curiosidad. Simplemente me dejó ir, mientras él se ocupaba de las tareas de botánica en el jardín de la casona.

Cuando llegué al club, me llamó la atención el horror que se vivía. Hacía unas horas que había quedado un terreno baldío en el lugar. Todo olía a quemado. Algunos dicen que fue un escape de gas. Otros, que pareció una bomba. La cosa es que hacía unas pocas horas el club había volado por los aires.

Los bomberos pudieron encontrar los restos de cuatro cadáveres. Respondían a las descripciones de “Fideo” Ribas, tipógrafo y secretario del club; el tesorero “Crema” Pérez y “Mediavaca” Arrastía, un peón de frigorífico. Estos eran los posibles identificados. Había otro, que podía ser el presidente Rolo o el vicepresidente "Fierro" Lara. Ambos tienen una contextura parecida.

Me di cuenta que tenía que contactar al sobreviviente. Para eso me dirigí a la escuela donde Rolo es maestro. Allí la desazón se confirmó. Me informaron que Rolo fue víctima de un robo hace dos días. Perdió la vida por un disparo al pecho.

Evidentemente esto no es casualidad. Alguien estaba interesado en que no contactara a este grupo. El cerco se cierra y las posibilidades se limitan cada vez más.

Tercera Parte. Día 20.
Estuve consultando la supercomputadora de la cosmonave. Hay una esperanza. Muy baja, muy pequeña, pero esperanza al fin. Podría tener un aliado.

En Inglaterra. Existe un hombre aparentemente inmortal que ha transitado a través de los tiempos. Desde la batalla de las Termópilas hasta la de Verdun. Se llama Mort Cinder. Creo que podré contactarlo. El problema es que aún no despierta de su último sueño. Cae en un sueño profundo. Una muerte. Hasta que algo lo despierta. Si pudiera llegar hasta él, sería un aliado excepcional.

Tengo que hacer ese viaje para buscarlo.

Cuarta Parte. Día 45.
Otra esperanza trunca. La tumba de Mort Cinder fue descubierta y su cuerpo fue destrozado. No hay manera ni remota, de que vuelva a la vida nuevamente. Aparentemente un científico que está en contacto con el Odio Cósmico, lidera un grupo de humanoides. Unos seres que alguna vez fueron humanos y hoy transitan por la vida con ojos de plomo. Hombres robots que obedecen a su creador. Ellos lo identificaron y en unos instantes toda una trayectoria de siglos, de milenios, dejó de existir como un suspiro.

Cuando llegué a las afueras de Londres con mi cosmonave me enteré de esta triste noticia. Al mismo tiempo y no entiendo aún (y no creo que vaya a entender alguna vez, dado el poco tiempo del que dispongo) un anciano anticuario fue muerto a garrotazos por estas bestias. Se llamaba Ezra Winston. No entiendo la conexión, aunque sospecho que algo iban a tener algo que ver estos dos en un futuro no muy lejano. Tengo la impresión que se ha alterado el continuum, con lo cual ese futuro ya es imposible. Ahora todo se hace inútil. Debo volver a San Isidro cuanto antes.
Los tiempos se acortan y yo voy de fracaso en fracaso.

Quinta Parte. Día 120.
Pude consultar nuevamente la supercomputadora de la cosmonave. Existe un grupo de personas que pueden ayudarme. La esperanza es muy débil pero existe. Si puedo alertarlos de algún modo, tal vez puedan ser útiles. Son personas comunes. Un tornero, un pequeño fabricante de transformadores, un profesor universitario... gente aislada pero con muchísimo potencial.

Pero antes de esto debo contactar a otra persona mucho más valiosa. Más que otra persona, es otra versión de la persona que formará parte de ese grupo. Existe una anomalía en los continuum espacio temporales. Alterar esto es un problema muy grave para el Universo. Pude captar la anomalía con la supercomputadora. Debo interceptar a este individuo, un escritor, para que me ayude con su otro yo y con sus amigos. Estoy seguro que si los pudiera juntar, y de hecho soy muy capaz de hacerlo, tendrían grandes posibilidades de triunfar. No sin un gran esfuerzo y pérdida de vidas. Pero seguro que es más que la esperanza que tendrán si no lo hago.

Me decido a explicarle esto al amigo Luna. Mañana temprano. Él seguro que me ayudará en la tarea que tengo por delante. Necesitaré toda la ayuda posible.

Sexta Parte. Día 121.
El cuerpo yace al lado de la supercomputadora. Dentro de la cosmonave. Está tirado y con la cabeza rota. Del cráneo abierto sale un líquido espeso color rojo oscuro y parte de la masa encefálica se desparrama por el piso. El hombre a su lado tiene en sus manos el atizador de la chimenea de la residencia. Se frota la nariz. Luego se acerca a la supercomputadora y radia el mensaje a la flota invasora. Si pudiera leerse en un lenguaje que todos entendiéramos diría:

"Ya terminé con el obstáculo que se oponía a nuestros planes. El sujeto está eliminado. No tiene sentido que prosiga con mi disfraz de Julio Luna. Me lo quitaré y partiré con la cosmonave hacia ustedes. El grupo no ha sido alertado. Desgraciadamente no pude averiguar la posición para ultimarlos. Pero considero que no serán demasiado escollo para la invasión dado que ignoran los detalles. La invasión puede proseguir sin retrasos. En los próximos días estaré nuevamente con ustedes para asumir mi posición de combate. Hasta la victoria!"

Hecho esto, Luna se saca el disfraz que lo contiene y se prepara para partir, pensando que la invasión, en gran parte gracias a él, será todo un éxito.

FIN

martes, 19 de abril de 2011

Skorpio Libro de Oro Nº 2 - Diciembre de 1976 - Solano López












No me decidía a presentar esta restauración, dado que no me convencía mucho. Me resultó muy complicado restaurar este fondo marrón. Era necesario para poder sacar todas las letras que tenía la portada comercial que estaba encima, pintada a mano con témperas o acuarelas.

Este número traía como gran novedad la vuelta del Eternauta. Y acá cabe una anécdota:

Yo andaba por los 13 años recién cumplidos y con un amigo y una amiga de mi hermana (bastante mayor que yo) fuimos a poner en condiciones el depto de mi hermana que volvía de la luna de miel.

Mientras esperábamos a mi vieja que tenia que abrirlo, estábamos haciendo huevo y yo, con la plata que me habían dado para comprar algo de tomar o comer para los tres que teníamos que esperar, fui a ver qué podía conseguir. De más está decir que al toparme con esta revista en el kiosco, se me fueron de la cabeza todas las demás cosas. Así escribiendo, recuerdo que hacía muchísimo calor y los inconscientes me habían mandado a mí (justo a mí) a comprar algo de tomar.

Cuando volví me gané las puteadas de mis dos acompañantes que querían comer o tomar algo. Sobre todo tomar algo con el calor de una tarde de diciembre. Y a mí no me había quedado ni un centavo para tomarnos una coca...

Luego de aguantar varias puteadas en diferentes idiomas, me fuí a la vereda a esperar a mi vieja, que como corresponde a toda madre ocupada que se precie cayó a eso de las 4 de la tarde. Estuve todo ese tiempo leyendo la vuelta del Eternauta. Que será medio pedorra así a la distancia, pero que en ese momento, si tenía que dar sangre para obtenerla, hubiera donado contento.

Bueno, digamos como reseña entonces, que este número traía al Eternauta, Nekrodamus (De venenos crueles y dagas malditas) de HGO y Lalia;a Bobo Conrad en Detective's Studio por Carlos Trillo y Perez D'elias; y Odysea 2000 de Ray Collins y Ramón Arias; y uno buenisimo: Serie Negra ("Honey") de Saccomano y Altuna.

Como unitarios tenía alguno de Leocata y Enrique Breccia, otro de Boni (Zappietro) y Trigo, Destino, de Albiac y Roume y otro de Fasan y Regalado.

Tremendo Libro de Oro!!
Cómo no me iba a gastar, a los 13 años, la plata del morfi o de la coca???
Estamos locos???

viernes, 12 de junio de 2009

Preludio Mortal

Titulo: "Preludio Mortal"
Autor: Felipe R. Avila
Cuento, dividido en tres partes.
Escrito en abril de 2005





(I)
¡Qué día inolvidable hoy! Ironizó. Y el pensamiento quedó como corolario de un día de mucho trabajo en el banco. También, sólo a los de las sucursales se les ocurre mandar dos giros después de hora, y encima en un día viernes...
Se rascó la cabeza, mecánicamente, como hacía cada vez que comenzaba a guardar sus cosas hasta el otro día.
Una especie de mini-inventario de su escritorio. Todo estaba y debía quedar en orden. El esponjero a la izquierda, el calendario con el día lunes para tenerlo listo apenas entre, la cajita metálica del tintero del sello. Recién se daba cuenta ahora: nunca se había fijado adentro, levantó la tapa y leyó: "¡Reentintar solamente con tinta de sellar Pelikan!"
Vaya, era toda una orden, más que una precaución. Encima venía en cuatro idiomas, una sobre la otra.
De abajo hacia arriba: en francés, en inglés y...en segundo término-luego del castellano- en alemán. "Ah"-pensó- ,ahí está. Muy bien. En el idioma natal".
se leía:
"Kissen nur mit Pelikan - stempelfarbe nachtränken!
Ah...qué idioma...en cambio la del gallego Ordoñez,-buscó con la mirada el escritorio de al lado- marca: "señorita" uffffff.... "Industria Argentina"...bueh, eso sí. TODO decía "Industria Argentina",qué novedad. Los broches Nº7,"Calidad Superior", las arandelas de cartón, los biblioratos...Prendió un pucho, pitó profundo...más que un aletargado e inútil relevamiento, se dio cuenta que estaba en realidad haciendo tiempo. "Absurdo, si a mi me encanta ir"-pensó-y se llevó el cigarro a la boca.
¡Chau, Lucas! lo saludo uno, pero sin esperar la respuesta ya estaba lejos, ya fichaba y salía a la calle. Lucas en cambio seguía como clavado a su escritorio.¿Qué le estaba pasando?
Almohadillas, sellos al cajón, " 100 broches tipo Binder, especiales para expedientes" leyó...¿Qué le estaba pasando hoy? Parece...-pensó o tal vez lo dijo en un susurro- parece que no me quiero ir, que no puedo...como si fuera muy importante esto, para tanto relevamiento. Como si fuera la última vez que lo voy a ver"
Todos los días reflexionaba en la "hora del té" (los minutos de descanso que le daban)sobre la rutina agobiante en la que estaba metido desde casi 30 años...Lucas había entrado joven al banco y de pronto los días y los años se habían ido como en esos programas de radio que relataban partidos de la selección, o esas carreras de autos los domingos...
Se llevó la mano suavemente al entrecejo, presionó despacio, cerró los ojos, se volvió a colocar los anteojos, y de pronto se los quitó:"ya es hora, caray" fue lo último que se dijo antes de enfilar para el baño, salida rutinaria y previa al abordaje de la calle.

(II)
Afuera hacía frío. Volvió a entrar.Fue hasta el escritorio y se dio cuenta el porqué: la foto. La había dejado afuera y no adentro del segundo cajón.La foto, la foto amarillenta de Natalia. ¿Cuánto hacía ya...? ¿Doce o trece años que se había ido?
"Por suerte nadie la tocó-pensó-y ya está, hasta el lunes, mamita..." Le dio un suave beso, que marcó el vidrio con vapor. Parecía aliviado pero enseguida: "La muerte es una mierda, y Dios no existe o está distraído en tonterías".Fue esa la única reflexión sobre la inutilidad o estupidez de una muerte joven, la de su esposa Natalia,"mamita", la que no había sido ni sería jamás reemplazada en su corazón de raíces teutonas. El abuelo de Lucas, Hans Herbert, le había enseñado su etimología: "Herbert" viene de "Hari",ejército, y de "Bercht",famoso o brillante. Es decir: "el brillo del ejército", o "ejército famoso o brillante".La realidad es que Hans Herbert, el abuelo de Lucas, escapando de la derrota en la Primera Guerra Mundial, había llegado a la Argentina, allá por el año 16. Lucas entró al país con siete años, muy chico, y nunca olvidó sus raíces, aunque si el idioma natal: por lo menos en la dicción, Lucas era más porteño que sus amigos.
Caminó despacio. Hoy todo en él parecía lento, despacioso. Aletargado. Como si cada paso no quisiera despegarse del suelo, de esas veredas que desde hacía casi treinta años venía pisando todos los días. Tomó el colectivo, llegó a su casa. No tenía hambre, pero se obligó a una taza de mate cocido caliente. Para tener energías, "sino aquellos hoy me despluman. Me agarran lento...¿qué me está pasando?
¿Me estaré por pescar algo, alguna gripe?" Miró el almanaque de la Panadería "La espiga dorada", con esa imagen horrible, de un payaso. "No se por qué lo agarro... bah, si se. Todos los días miro el almanaque, cuento los días para llegar, los días que pasan, los que me faltan para volver a..."
El teléfono sonó de pronto, cortando la amargura: era el amigo, que le decía de pasar a buscarlo. Entonces fue al baño, se lavó la cara, se cambió de ropa. A la media hora estaba - puntual como siempre - el viejo amigo del barrio, de tantos años. Un "ya va, ché" lo hizo quedarse en la entrada mirando para la vereda. Hacía frío. Cada vez más. La pucha que sí.
"¿Pensás que caerá nieve, ché?" -le dijo el amigo a Lucas, apenas abierta la puerta. Lucas sonríó. El comentario no ameritaba ni una risa leve, así que se fueron caminando directo para la casa, como todos los viernes, donde se reunían para jugar al truco; vieja excusa de la amistad para reunirlos aunque fuera un rato.

(III)
El dueño de casa los recibió sonriendo. Afuera se escuchó la risotada del más grueso de los cuatro, el de anteojos, que reía al verlos entrar tiritando.
"- Viejo, no dejés pasar a esos zaparrastrosos"-bromeó.
"- Callate, muerto de hambre"-le retrucó el más viejo, el que venía caminando con Lucas, al gordo de vozarrón grave.
"- Muerto de hambre" no creo, pero ustedes ¡qué hablan,"muertos de frío!",je, je, je.
Las bromas amables de aquellos años, a comienzos de la década del sesenta, entre amigos. Cuatro hombres que se reunían para pasar la noche jugando a las barajas, al Truco, con cigarrillos, café y algunos tragos.
"- Ya les dejé todo cerca, para que no se molesten" dijo Elena, a los cuatro, con ese tono maternal que lucía siempre.
"- Gracias, Elena, tan amable como siempre. No se cómo fue que te conquistó este, pero ya lo admiro" dijo el grandote, con una sonrisa.
“- Dejate de jorobar, Fava, quién te enseñó que los hombres somos los que elegimos a las mujeres?-dijo Juan, en plan de chanzas.
Todos rieron. Polsky fue directo al altillo, como siempre, el primero en llegar y en irse. Los violines que estaba terminando lo saludaron con un leve balanceo, al abrir la puerta.
"- Lucas, vení, ayudame". Pidió Juan, para armar la mesa y poner las sillas en su sitio.
"- Voy", dijo seca pero amablemente Lucas, y se dio cuenta por qué las amarguras se le borraban un poco, ese rato, esas horas que estaban juntos, en esa tradición viril de la amistad, la confianza, la competencia leal, el juego de mesa entre compañeros.
Paso un rato. el juego avanzo. Elena dormía hacía rato y ni que hablar de "la heredera", Martita, la nena de largos cabellos rubios, abrazada hacia horas a su osito de peluche.
La mano venía fenómena para Juan. En eso, cuando estaba por cantar, sintieron un ruido. Afuera una pareja le escapaba al frío y se oía el taconear apurado. Un colectivo dobló por la esquina.
Faltaban pocos minutos para que comenzara a caer la nevada radiactiva, y esto era sólo el preludio a tanta muerte.
Y a tanto coraje, tanto valor para sobrevivir. Juntos.

Felipe Avila.
Felipe es un gran amigo que además es un tipo muy interesante pues tiene grandes talentos. Se los puede vislumbrar en su blog "Alegría de hacer" del cual soy su primer seguidor: http://felipericardoavila.blogspot.com/

viernes, 28 de noviembre de 2008

Como empezó todo


Fue un día como tantos otros. O al menos eso creía. Nunca pensé que ese día me marcaría de tal manera.

Primavera de 1975, se aproximaba el fin de clase. Séptimo grado, éramos grandes. No había necesidad de estudiar tanto. Si la maestra ni siquiera nos tomaba lección. Nos la pasábamos vendiendo alfajores y rifas para el viaje de fin de curso. No nos dábamos cuenta de que pronto la noche más cerrada abrasaría a una gran parte de los argentinos. Éramos chicos.

Yo no era mucho de ir a jugar a la pelota. Algunas veces cruzaba Perú y me juntaba con los pibes de la cuadra a jugar. La vereda de Perú que daba a mi casa era angosta. Era la vereda impar. Allí no se podía. En cambio la vereda par era ancha y además tenía autos estacionados perpendicularmente a la calle. Eso era un paraíso para jugar ya que no había peligro alguno. En la puerta del negocio de Don Alberto que vendía caramelos, bombones y café, o en la florería, donde ahora hay un lavadero, jugábamos a la pelota, a la mancha, a las escondidas o a cachurra.

En esos días Javier, que vivía en frente de mi edificio, me había metido en la cabeza la idea de ir a la biblioteca pública que estaba en México entre Perú y Bolívar. Esa que ahora está cerca de Libertador y Pueyrredón. La otra era hermosa, húmeda, antigua, bah, recontra vieja. Nada que ver con la que hicieron hace un tiempo. A esa íbamos seguido a pasar las tardes leyendo los libros de la colección Robin Hood o de la serie Billiken. A la nueva no fui nunca. Minga voy a ir. ¿Para que? No debe ni puede tener la magia que tenía la vieja. Una cagada debe ser.

Esa tarde fui solo. Vagaba por los estantes llenos de libros. Algunos con polvo de décadas, otros ajados de tanto manoseo. Creo que leí por decimocuarta vez el quinto capítulo de "Los Robisones Suizos" (¿o eran Robinsones?). De pronto lo veo... Pero... ¿que hace acá ese libro de formato tan extraño?

Yo ya había visto su tapa varias veces en el kiosco de diarios que estaba en la esquina de Perú y México. Sobre la vereda angosta. Que ahora está ubicado en diagonal a aquella, en una vereda ancha a los pies de un edificio con vidrios enormes que está justo en la esquina.

Los diareros, hermanos ya fallecidos, traficantes de sustancias generadoras de tanta dependencia durante mi niñez como fueron esas Novaro, esas Billiken, esos Anteojitos y Antifaces que tanto me entretuvieron.

Los diareros, decía, (¿uno se llamaba Juan?) la tenían en exposición y yo cada vez que volvía de la escuela, pasaba me compraba una Patoruzú, o un Pif-Paf o El Tony y miraba su tapa extrañado y pensando qué clase de publicación sería... Parecía para grandes, de difícil lectura...

Ahora la tenía enfrente de mis ojos y apenas me animaba a tocarla. ¿Que hago? ¿La saco? El primer impulso al que cedí fue ojearla.

Y bueno dije, ya que estoy la veo...

Dicho y hecho. La saqué y empecé a dar vueltas sus hojas. La primera sorpresa es que no era un libro como yo había pensado hasta ese momento. Era un libro de historietas. No un comic como le dicen ahora, sino una historieta. De las de antes. Eso la acercaba más a mí. Lo siguiente que me llamó la atención era su procedencia. Era argentina. Se le notaba por los dibujos de las casas, las calles y la gente en general. Era de acá. Pero yo ya estaba acostumbrado. Si leía seguido el Tit-bits y el Pif-Paf. Las de Columba eran más internacionales. Pero las otras, las de la Editorial Record eran más locales.

Bueno, la cosa es que me senté y empecé la lectura.

A medida que leía me iba metiendo más en el tema. Al final se hicieron las siete de la tarde y la biblioteca ya cerraba. Así que no me quedaba otra que irme a mi casa y seguir al otro día. “Maldición” pensé. Me quedaría con la intriga de lo que les pasaba a esos personajes tan interesantes.

Demás está decir que al otro día, apenas salí de la escuela me fui volando a la biblioteca. Yo en esa época, iba a la Victoriano Emilio Montes, que estaba en Perú y Estados Unidos. Así que las cuatro cuadras las hice volando.

Mi primer temor era que se hubieran llevado el libro o que lo hubieran elegido antes de que yo pudiera llegar. Pero no, ahí estaba en su estante, esperándome justo donde yo lo dejara la tarde anterior.

Bueno, ¿dónde nos habíamos quedado? Ah, sí, en la parte en que....

Y me metí nuevamente en la vida de esos bonaerenses que vivían la aventura más fabulosa que se pudiera creer.

Entonces vino mi primera decepción. Ya que soy de la contra. Pero bueno, digamos que la historia era tan buena que se les perdonaba cualquier cosa. Además la acción, aunque el lugar no lo mereciera, estaba muy bien contada. Años después me di cuenta que el dibujante era archirrival mío en ese tema. Por lo tanto él había elegido el escenario adecuado según su criterio. Aunque yo hubiera preferido el otro lugar para inmortalizar.

Pero esos dibujos tan detallados eran excelentes. Ese guión era maravilloso. Esos blancos y negros eran mejor que cualquier color que yo hubiera visto antes.

A los autores no los conocía porque nunca le había prestado atención a los créditos de las historietas. Eso vendría después. Cuando las leyera de otra manera. Ahora lo que veía era la aventura. Y esta historieta tenía aventura por demás.

Los personajes eran gente común. De barrio. Familias y amigos que sobrevivían al peor caos imaginable. Esos lugares del centro, tan detallados y que yo reconocía por haber caminado con mi viejo tantas veces. Luego la destrucción total. Aún recuerdo lo que me sacudió y me conmocionó verlo.

Pero nada me sacudió tanto como el final. Abierto pero duro como una sentencia de muerte. Filoso. Cortante. Todo ocurriría inexorablemente. Como una profecía del Apocalipsis. Tanto me conmocionó que cuando volví a casa, más tarde que el día anterior, le conté a mi viejo detalladamente lo que había leído.

Recuerdo que él me dijo que también lo había leído cuando salió a principios de los '60 en entregas periódicas. Entonces respiré aliviado. Nunca había ocurrido y era posible que nunca ocurriera. Pero mi ansiedad no tenía fin. Tenía que comprarlo. Después de todo mi viejo lo había aprobado y a él también le gustaba según me dijo.

Así que me puse en campaña para conseguirlo. Pero los diareros ya no lo tenían. De todos modos lo podrían conseguir si tanto lo quería. Era caro.

Por fin un día, uno de los diareros (¿Juan?) me lo entregó. No lo podía creer. Tenía un ejemplar y era mío. Fue el origen de todas las versiones y continuaciones que vendrían después. Y que yo religiosamente leería. Pero este era el primero, el mejor.

Por fin tenía en mis manos el primer tomo de El Eternauta.

Esto va dedicado a Javier, a Juan (?), a la
biblioteca pública de Perú y Bolívar, a Don
Alberto, a mi niñez, a Oesterheld y a todos los
que como ellos ya no están más… Ah, y a
Solano López que sigue estando.

Marcelo H. Piñeiro